1 de junio de 2011

Me despierto con una sonrisa, pero el más mínimo roce con tu nueva vida me pone el mundo de cabeza ¿Por qué me costará tanto aceptar que te fuiste y que no tenés ningún interés en volver? El peso sobre mis hombros llega de repente, y me saca las ganas de escribir, de caminar, de levantarme. Y cuando lloro, lloro desde adentro y de corazón, ese mismo que se partió hace tantos meses, y aunque a veces lo disimule, aunque a veces me olvide, nunca pude terminar de curar.
Te extraño.