Me despierto con una sonrisa, pero el más mínimo roce con tu nueva vida me pone el mundo de cabeza ¿Por qué me costará tanto aceptar que te fuiste y que no tenés ningún interés en volver? El peso sobre mis hombros llega de repente, y me saca las ganas de escribir, de caminar, de levantarme. Y cuando lloro, lloro desde adentro y de corazón, ese mismo que se partió hace tantos meses, y aunque a veces lo disimule, aunque a veces me olvide, nunca pude terminar de curar.
Te extraño.
